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Oime

Es ahora cuando despierta, rodeada de una oscuridad fría y tenaz. Abre los ojos hacia las estrellas hundida en soledad; ahogada por la respiración excesiva impregnada de incertidumbre. Su corazón cobarde. Su corazón llora. Su corazón arde.

Ella reconoce mi silueta, esperando su despertar y llora. Ahora camino hacia ella. Trémula me mira. Me detengo; me arrodillo frente a su persona. Por reflejo voraz y primitivo coloca su mano en mi pecho. Mi corazón cobarde reconoce su cálido pulso demasiado tarde. Su temor se transforma en una sonrisa macabra. Nuestro corazón arde.

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