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Mainel

(Música para acompañar tu lectura)

Soñar despierto es una costumbre aunada a un sentimiento taciturno que suelo degustar con frecuencia cuando las reminiscencias de esta historia me vuelven a visitar. Las cenizas frescas manchan tu calzado y me hacen remorder la conciencia. Las huellas de tu andar me incitan siempre a seguir tus pasos. No me atrevo a levantar la mirada. Siento mucho temor saber en donde has estado. Esquivo las aceras. Tengo miedo. Tu sigues caminando.

Somos dos partes de un mismo cuento que convergen al esfumarse en el olvido, evaporarse en el viento y renacer en labios ajenos que saben a los tuyos aunque no estés conmigo. Nos separa un regimen absurdo de modales y reglas sociales que poco puedo hacer por cambiar. La gente dice que no cuesta nada soñar, sin embargo todos los días pago un precio muy alto al visitarte brevemente en mi mundo onírico.

La gente habla de ti con mucha dulzura; a la gente le gusta mentir, sobre todo a mi, cuando hablo de la gente y me refiero al reflejo de mi cara frente al espejo. Miento, cuando le hablo de ti, le sonrío para que no pierda la vida antes de salir. Todo esta bien. Otro día sin decesos. Libramos juntos este vacío profundo en el que el eco de tu nombre me recuerda que estas ahí. Sólo hace falta un segundo. Todo peligra cuando el ápice de un sueño diurno me habla de ti.

¿Cómo escapar de mi sombra? Quisiera un instrumento para deshilar el recuerdo, aprender a volar y escapar de este sentimiento. Me gustaría que el tiempo detuviera su andar y pedirle a mi alma que me lleve a la tierra del nunca jamás en donde, Ella, se transforme en un momento febril fácil de olvidar. Permíteme morir sólo un poco antes de seguir viviendo. Pero, de nuevo me encuentro con el dilema moral de escindir mi corazón en un momento de felicidad y una vida de arrepentimiento.

Miro al suelo temeroso porque efectivamente, mis miedo no fueron infundados y ahi están de nuevo las evidencias de tus pasos. Me rehuso a permitir que visites mi pensamiento. Los nubarrones grises y pesados se agolpan en el cielo. Mi alma gris haciendo juego con los caprichos de la vida; quiebran mi voluntad para alejarme de ti. Otra vez, creo que comenzaré a cavilar sobre ti. Diosa incapaz de escapar. Onanismo mental.

Pensemos en ti. Eres diferente, eres especial. Rehuyes a las palabras cotidianas. Hoy te han inventado. Y te han inventado sólo para mi. Sin voz caminas sobre el viento cálido de las mañanas, la luz del sol baña las calles por donde andas. Cuando respiras extiendes los brazos; me abrazas. Entonces desaparezco, nadie me extraña y tu sigues existiendo como atisbo de una vida pasada.

Sin embargo, mientras amanece voy a pretender que te quiero y ahora que te quiero, te extraño y, si algo de lo que digo es mentira espero no te haga daño y, si por azares del destino me atrevo a decir que te amo, estaré obligado a no olvidarte y ser corolario viviente de tu recuerdo impoluto, así cada vez que un extraño me pregunte por ti inventaré algo distinto, haciendo de la materialidad sendero interminable y de la realidad un impluvio de historias y mitos. Y a medida que olvide tu nombre sabré que ya no existo.

Y ahora que ya no existo, me reinvento, te quiero y enamoro de ti de nuevo. Te busco incansablemente por los vericuetos de mi mente hacia los recuerdos. No te encuentro. Pero de pronto vuelves. Te materializas en un nombre distinto, ojos brillantes, manos suaves y perfume perfecto. Te respiro. Acaricias mi mejilla una vez más; cierro los ojos. Lloro inconsolable el Déjà vu de nuestro encuentro. Mi cuerpo trémulo contagia al tuyo. Te pediría que controles tu convulso cuerpo, sin embargo te entiendo. Vuelvo a desaparecer, pero tú, aún seguirás existiendo.

Corpse Keeper

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