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Entre Tu y Yo

(Música para acompañar tu lectura)

Entre tu y yo, siempre hubo una mirada de diferencia, una sonrisa que discrepaba con la impaciencia; entre tu y yo había un abismo de coincidencias rebuscadas, distancias prolongadas y un final que no alcanzaba el caminar de las manecillas del reloj. Entre tu y yo imperó la megalomanía de los dos, la homilía de nuestra doctrina sin fundamento ni razón, la vida que nos robábamos de la vitrina de la conmiseración y aquella canción sobre la luna que te cantaba todos los días cuando se ocultaba el sol.

Entre tu y yo abundaban las caricias llenas de misericordia y condescendencia; nunca fuimos uno mismo a pesar de que morimos al mismo tiempo y por la misma razón. Entre tu y yo ningún detalle era nimio para la bitácora de resentimientos que terminaban con el arrepentimiento de nuestras palabras punzocortantes para el corazón, entre tu y yo jamás hubo un silencio con antelación a la ignominia, a la desesperante falta de amor espontáneo; a la brisa matutina que enfriaba tus lágrimas cuando veías las mías y esa diatriba inconfundible en tu voz.

Entre tu y yo el sueño siempre fue la utopía divina que dividía la realidad de la de nuestra imaginación, entre tu y yo hubo tantas cosas en secresía que era imposible no reventar de dolor, remordimiento y fascinación. Entre tu y yo la vida juntos fue una epifanía que solía llegar después de un minuto de silencio ensordecedor. Entre tu y yo no había sílaba abreviada, todo fue una remembranza de un escenario gastado por las obras de teatro presentadas en tu honor, y de luces exasperantes resaltando la duela carcomida por el andar de tus pasos.

Entre tu y yo caían torrentes de dulzura ambigua, magnificaciones de la costumbre y la rutina; deseos haciendo eco en las paredes tratando de escapar a través de las cortinas. Entre tu y yo habitaba la nostalgia compartida, el andar pausado y el enfado gregario de la maldición del sentirnos humanos a través de nuestros ojos de visión celestina. Entre tu y yo jamás hubo palabra sin significado, un beso con fecha de caducidad ni árbol no plantado; jugamos a mentirnos por el miedo a que nos comieran los gusanos y miramos un millón de veces el espacio vacío de lo que nunca imaginamos.

Entre tu y yo el índice de entropía justificaba el volumen de nuestra voz, los improperios fugaces de los dos y aquella sonata en do mayor que solía armonizar las caminatas a través del oscuro pasaje de nuestras vidas. Entre tu y yo hubo más que un instante de melancolía, más que una simple aseveración de lo que el uno del otro quería; entre tu y yo la filantropía no existía porque lo nuestro jamás fue del escrutinio de una procesión. Entre tu y yo existió la carestía de una palabra que nos definiera, de años compactados dentro de la memoria de un cajón y versos enredados en criptografías por la timidez del corazón.

Entre tu y yo figuraba la divinidad de la ironía, la dulzura de lo profano combinado con un poco de herejía, la indescifrable satisfacción del pecado sin perdón; la felonía de sentirme dueño de tu piel y la apatía que se apiadaba de mi alma. Entre tu y yo el entendimiento de nuestros gestos jamás fue un tema de discusión bastaba con cerrar los ojos para entendernos y derramar lágrimas saladas a falta de una salida saludable para el remordimiento de la animadversión.

Entre tu y yo se escribieron miles de hipótesis basadas en una teoría sin comprobación, poemas que adolecieron de tus manos y que nunca encontraron la modulación de tu entonación. Entre tu y yo habitaba la fantasía que se inventó para saciar el hambre de amor; se inventó la solemnidad injusta que laceraba fonemas de mi voz y que hacia aun más grande la distancia entre los dos. Entre tu y yo hizo falta un paso y medio de hilaridad compartida y un encuentro definitivo de tus manos con la mías.

Entre tu y yo la filosofía de un mundo perfecto jamás llegaba, nos confortaba el saber que uno existía y que el otro aun no arribaba, era lo que nos gustaba pensar cuando veíamos pasar el tiempo sin que los encuentros se materializaran; absurdos pensamientos de dos utópicos que imaginaron hecatombes de momentos profundos estando tan lejos. Entre tu y yo la calma de las palabras fue un veneno neurotóxico directo y sin escalas, nos fue matando lentamente y sin darnos cuenta, hoy, todo nos parece sólo una rememoración; nunca hubo héroes ni villanos, sólo existió el poder de las miradas llenas de epigramas y una soledad que durará hasta que el paso de mil estaciones nos marchite la voz y el alma.

Corpse Keeper

2 Respuestas
  • keller_wcb
    agosto 24, 2011

    hola como siempre un gusto encontrar esta lectura tan melancolica y cierta gracias por compartir tanto de ti

    • CorpseKeeper
      agosto 25, 2011

      Corpse Speak: Amigo Keller, gracias por tus palabras y el leerme. También muchas gracias por agregarme en Google+ yo también te agregué a mis círculos. Cuídate mucho y que estes muy bien.

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